Suenan campanadas infernales cada cuarto. Las paredes de la catedral se tiñen de rojo con el estruendo de fusiles. Horificios cargados de plomo salpican la piedra enmohecida.
Es el fin.
Kilos de cal sepultan los cuerpos ensangrentados. Nadie rezará por el alma de los caídos.
Es el fin.
Sólo queda el frío.
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